Ayer comprendí lo que sienten esas personas a las que se les muere un ser querido y descubren que de herencia sólo hay deudas y encima tienen que pagar tres mil euros por enterrarlo. Debe de pasar mucho, porque cada vez hay más gente encerrada en panteones forrados de marmol por si acaso resucita e intenta escaparse. En fin, que me enrollo como las persianas y aún no os he dicho por qué ostias estoy de luto.
¿Alguno de vosotros conocia mi jersey naranja favorito? Supongo que no, porque no teneis un gusto tan refinado como yo. Se trataba de un maravilloso jersey con rombos y sin mangas que mi familia me regaló hace ya ocho navidades, y que cada vez que llega el frío me pongo. O me ponía, porque ahora por culpa de un sucio comunista con adicción al vinacho de garrafón Jersy es un montoncito de cenizas color naranja.
Fue amor a primera vista, nada más verlo bajo el árbol supe que iba a ser mi mejor prenda. Se notaba que era de buena calidad, suave a tacto, y sobre todo precioso. Anda que no lo llevé puesto, orgulloso de él, pese a la humillación de encontrame en el escaparate de un bazar chino a un maniquí con una vulgar copia barata de este diseño exclusivo puesto. Cómo osaron profanar semejante diseño celestial... Me dieron ganas de coger un bate de beisbol y hacer de aquel bazar picadillo a la cantonesa, pero pudo más el sonrojo de mis barbudas mejillas.
La tragedia sucedió al mediodia, cuando yo estaba mirando mi twitter con la inocencia que me caracteriza. Entonces vi que ese que creía mi amigo hacía un chiste humillante hacia ese infame baloncestista llamado Fernando Llorente, diciendo que lo había fichado el Palencia. Decidí lucir mi filosofía más seria para comentar tal hecho, y eso le sentó mal al quemajerseys, que me declaró la guerra tuitera con una amenaza: que iba a quemar mi jersey fosforito favorito.
Sinceramente, me reí de su amenaza sin sentido y me fui a proyectar en el AutoCad, satisfecho. No se me ocurrió pensar que cuando alguien llamó al timbre estaba a punto de cometerse un genocidio, pero nada más abrir me encontré con ese vil maleante, portador de la antorcha olímpica, que me miraba con ojos de loco y patillas a lo Curro Jimenez. "Naranjito", me gritó mientras yo chillaba e intentaba cerrar la puerta, pero él fue más rápido y se coló en mi casa, corriendo hacia mi espacio personal. Una vez allí, forzó el armario y sacó por la fuerza a Jersy, que suplicaba que no le hicieran daño.
No tuvo piedad. Mi amado jersey ardió en segundos, mientras ese infame ser se regodeaba en su maldad. Me qudé sin saber qué hacer, mientras ese desgraciado se despedía con un "paga la coca, primer aviso". Como para pagarle pasteles estaba yo. No pude dormir en toda la noche, con mi ropa debajo de la cama, muerta de miedo y suplicando que la protegiese del loco olímpico, mientras #MiVecinoElCani no dejaba de poner la canción "Sufre mamón" en la parte de "he quemado su jersey".
Lloré como nunca antes, con miedo a convertirme en Mario Casas ahora que no tenía jersey que ponerme, y durante mi largo duelo fui maquinando mi venganza, que posiblemente cumpla la semana que viene. Ya os contaré, ostias.
Pero como dice la canción, voy a comprarme seis jerseys nuevos. Y todos narajas.
#AunqueIBBGasteizVayaDesnudoEleganteSeQueda
| Mira qué majo era Jersy. Y la camisa esa gris de abajo me sirvió para hacer trapos con los que secar los platos... |
